domingo, 5 de abril de 2020

HISTORIA DEL ABUELO FRANCISCO

Portugal venía arrastrando problemas como la inflación y el desabastecimiento provocado por la movilización militar y el colapso del comercio marítimo luego de haber participado de la Primera Guerra Mundial (1914 a 1918).
Tambien el país sufrió cambios como el golpe de estado de 1917 que pretendió crear una Repiublica presidencialista en integrar en el régimen a monárquicos y católicos, pero tras su asesinato un año más tarde y una pequeña guerra civil en enero-febrero de 1919, entre Monarquía y República, se restauró la constitución de 1911. El sistema pervivió durante ocho años más, pero enfrentado a numerosos problemas sociales, golpes e insurrecciones, hasta que venció el golpe militar de 1926 que conduciría a una dictadura de 48 años, militar hasta mediados de los años 30, y después civil, hasta 1974. La dictadura mas duradera del siglo XX en toda Europa.

En ese contexto mis padres se conocieron. Los dos eran viudos y se encontraban en una situación dificil como gran parte del país.
Mi papá tenía seis hijos, de los cuales la mas chica quedó sin madre al nacer y él para trabajar tanto y cuidarlos no tenía tiempo.
Con mi mamá pasaba distinto, sus hijos eran mas grandes y tenía una quinta que le quedó de herencia.
En esa quinta cosechaban de todo, pero tenían unos vecinos que le hacían la vida imposible, le comían la mayoría de lo que sembraban y con los animales tambien le comían la fruta.
Mis padres sabian los problemas que pasaba cada uno, entonces se pusieron de acuerdo en casarse,
él necesitaba que le cuide a los hijos y ella que la respeten.
Corría el año 1929 y mi mamá quedó embarazada de una nena que nació prematura de ocho meses, la llamaron Utilia pero a los tres días falleció.

Al año siguiente nací yo Francisco, un 12 de noviembre de 1930 en la ciudad de Guarda.

Guarda es una ciudad y municipio de Portugal situado en la Región estadística del Centro y la comunidad intermunicipal de Beiras y Serra da Estrela (NUTS III), capital del distrito homónimo.​ Está cerca de la frontera con España, a unos 40 km de Fuentes de Oñoro, Salamanca, vía Vilar Formoso. Se ubica a 340 kilometros de Lisboa, capital de Portugal. 
Guarda es la ciudad situada a mayor altitud en Portugal (1056 m)​ y también es capital de la Comunidad urbana das Beiras.​ Es una de las ciudades más importantes de la región portuguesa de la Beira Alta. La sierra de la Estrella, la más elevada en Portugal Continental, se sitúa parcialmente en el distrito. La ciudad es servida por trenes nacionales e internacionales en las líneas ferroviarias de la Beira Alta y Baixa.
Guarda es conocida como la «ciudad de las cinco F»: Farta, Forte, Fria, Fiel e Formosa - abundante , fuerte, fría, leal y hermosa.​ La explicación de las cinco F es la siguiente:
  • Farta (abundante), debido a la fertilidad de las tierras del valle del río Mondego;
  • Forte (fuerte), porque la torre del castillo, las murallas y su situación geográfica demuestran su fuerza;
  • Fria (fría), por su cercanía a la sierra de la Estrella;
  • Fiel (leal), porque el Capitán General de la Guardia del Castillo, Álvaro Gil Cabral, tatarabuelo de Pedro Alvares Cabral, se negó a entregar las llaves de la ciudad al Rey de Castilla durante la Crisis de 1383-1385 y aún tuvo la fuerza para participar en la batalla de Aljubarrota;
  • Formosa (hermosa), por la belleza natural del núcleo urbano.


En esos tiempos, en casa trabajaban todos, teníamos de todo menos plata.
Cuando yo era muy chico no tenía con quien jugar y el pueblo quedaba a tres kilómetros. Entonces jugaba solo con lo que veía, agarraba una piedra, sacaba unas semillas de las plantas de robles y hacía como que eran animales y con la piedra araba. No habían pantalones que duren, los rompía todo por andar jugando de rodillas.

Un día vino mi tío paterno, y le dijo a mi papá que me lleve a la casa de él para poder ir a la escuela que quedaba cerca.
Resulta que mi tío era muy amigo de la maestra y le pidió para que yo pudiera estar en su clase. Yo todavía no tenía la edad para ir, pero la maestra me aceptó sin problemas y le dijo a mi tío que si venía el inspector y subía por la escalera, ella me mandaba a bajar por la otra. 

Y así lo hicieron. Mi mamá me llevó a la casa de mi tío montando un burrito con mi hermana caminando al lado. Pero en cuanto se descuidaron me tiré del burrito y empecé a correr por esos campos tanto que se volvieron locas para agarrarme. Yo no quería ir, faltaba un mes para cumplir los seis años, solo los fines de semana me visitaban o me llevaban a la quinta.

En la casa de mi tío me querían mucho, pero al principio no me acostumbraba a jugar con los chicos de la escuela, hasta que me empezó a gustar.
La maestra era la novia de mi primo y me apreciaba mucho, me puso con los chicos de primer año. Al final del año, ya leía mejor que varios, me costó mucho dejarlos porque eran mis amigos.

Al año siguiente fue distinto, nuevamente conociendo otros chicos y acostumbrándome a ellos que eran de mi pueblo pero no los conocía.
Teníamos un maestro que no estaba autorizado para enseñar a las chicas, entonces eramos todos varones. Él se divertía conmigo porque yo juntaba las silabas y leía bien; el problema fue cuando enseñaba matemáticas ya que el maestro me pegaba porque no entendía y tenía que aprender. Cada vez sabía menos y cuando era la hora de matemáticas ya temblaba de miedo. Él estaba autorizado por los padres si no nos portábamos bien o no aprendíamos.

El otro sacrificio después de ocho horas de escuela era caminar tres kilómetros por el medio de los montes con solo siete años. Caminaba solo, lleno de miedo porque habían lobos, zorros y perros malos que tenían algunos pastores, pero ellos los retaban y no me hacían nada.
Todos los días de la quinta a la escuela, y a las cinco de la tarde salía para casa siempre solo.
Cuando llegaba el invierno y era de noche no hacía la mayoría de los deberes, pero al día siguiente cuando llegaba a la escuela, el maestro me mandaba al pizarrón y cobraba una paliza por lo que no sabía hacer, a pesar de todo eso no perdí ningún año.
Luego de un tiempo el maestro se fue y vino una maestra y en ese entonces volvíamos a ir juntos chicos y chicas, pero yo ya no quería ir a la escuela.
Me faltaba el último año, tenía un compañero que era muy inquieto y me molestaba siempre. Nos peleábamos y cobrábamos continuamente, pero cuando salíamos afuera ya eramos amigos.
A la mitad de año abandoné la escuela. Tenía diez años y tuve que empezar a trabajar, escarpiar, regar y ayudar a mi hermano con las ovejas y chivas. 
Cuando yo tenía doce años, mi hermano se fue al servicio militar y tuve que quedar a cargo de doscientas ovejas y diecisiete chivas. Pero como mis padres ya eran personas grandes y estaban cansados para tanto trabajo, empezaron a venderlos y yo ayudaba con los otros animales que quedaban.




Cuando regresó mi hermano de el servicio militar, pensé que me iba a ser mas fácil el trabajo, pero al contrario porque trabajamos mas, como comenzaba la Segunda Guerra Mundial en Europa todo estaba racionado. Los inspectores no dejaban lo suficiente, se llevaban todo. Nuestro padre hacía una larga fila para comprar el pan, azúcar, arroz, fideos, solo un poco por persona y se perdía medio día para eso.
Dos años después, se casó mi hermano, Yo tenía catorce años, mi papá sesenta y siete y mi mamá cincuenta y siete. La guerra seguía, mi papá me mandaba a hacer cualquier cosa: arar, a hacer la quinta, etc. Yo veía a otros chicos cuidando a algún animal y algunas veces paraba un poco para jugar un poco, pero en seguida tenía que volver a trabajar porque sino venía mi papá y me retaba.

Tenía quince años cuando terminó la guerra y empezábamos a ser libres. Podíamos vivir mejor con lo que sembrábamos y cuando aparecía alguna changa no me la perdía.
A los dieciséis años, un patrón buscaba gente para pasar contrabando a España. Me dijo que fuera con él, que me pagaba en una noche y un día mas de lo que ganaba en una semana.
Me animé y fui porque iba mucha gente y me gustó la idea. La primera vez que hice el trabajo, no sé como pude volver a mi casa. Fui directo a la cama, sentía frió, le pedía a mi mamá que me ponga mas frazadas y ella me respondía que tenía como cinco puestas. Era muy grande el cansancio, pero pasaron unos días y me dije si los otros van, también tengo que ir yo. Se ganaba bien pero era muy riesgoso. Cuando llovía, la ropa se me secaba en el cuerpo y seguíamos igual. Lo pero era en invierno cuando nos sacábamos la ropa para cruzar los ríos desnudos, y al llegar al otro lado los dientes me golpeaban los de arriba con los de abajo y no querían parar. Algunos días había escarcha y solamente con caminar se volvía a la normalidad.
Caminaba una noche y un día. En la noche con una carga de veinte kilos y en el día no traía nada. Cuando llegábamos a la frontera, nos esperaba un español con un camión. Nosotros poníamos la carga ahí y el hombre nos pagaba para que comiéramos, luego el sueldo me lo pagaba el patrón en Portugal. Pero el trabajo no dejaba de ser muy riesgoso, de lejos los carabineros nos disparaban tiros a las piernas y si agarraban a alguien iba preso un año sin ver a la familia.






A los dieciocho años, otro patrón me contrató por un año. Ganaba un poco menos, tenía donde dormir y comida, pero tuve que dejar cuando me tocó ir al servicio militar.
Por ese entonces mi hermano mayor Antonio que estaba en Argentina viajó a Portugal con la intención de no volver, pero la señora y un hijo le decían que vivía mejor un pobre en Argentina que un rico en Portugal. En el pueblo mucha gente hablaba de querer ir a Argentina y mi hermano volvió para darle el gusto a su familia.
Yo seguía con mis tareas diarias, nunca me faltó el trabajo, ganaba poco, para comer, vestirme, comprar o vender algún animal no me faltaba, pero nunca me sobraba plata.
Mis padres ya estaban grandes y siempre hacían algo, hasta que un día se pelearon por esa dichosa quinta y se distanciaron.
Estando así las cosas mi papá con la bronca que tenía mandó a escribir cartas para Argentina contando lo que pasaba acá pidiendo para llevar a mi hermano Manuel que vivía en Portugal lejos de ellos y tenía una familia numerosa que mantener; y tambien llevarme a mi, pero yo justo me había puesto de novio con Esperanca y no tenía mucho interes de irme. Pero en mi casa todos decían para que vaya, hasta mi propia madre me decía que iba a tener otro porvenir y ganaría mas plata. En cambio, mi novia y los padres me decían que en todos lados se trabaja, que acá ibamos a poder vivir igual.
Hata que tomé la decisión y le dije a Esperanca que me iba para Argentina y después la mandaría a llamar para que ella tambien venga.
Mi papá se vino primero porque se podía vencer la carta de llamada, en ese momento yo me encontraba en casa pero en el ejercito no me daban permiso para ausentarme.
Yo pensé que si vencía la carta, me caso con mi novia y no voy. Hasta que llegó el permiso del consulado, todos me decían que no iba a poder embarcar porque la carta se vencía, pero hice todos los trámites, la embajada los firmó y el permiso recien venció durante el viaje.
Después me decían que no iba a poder desembarcar, pero no tuve problemas porque tenía el permiso del consulado argentino en Portugal.

Lo peor es que no tenía ni idea de lo que venía a trabajar. Estaba la familia que tenía en Argentina esperandomé y llegué al puerto de Buenos Aires la noche del 7 de enero de 1953 después de dieciseis días de viaje.
Cuando llegué, mi hermano Luis después de conocer a toda la familia, me dijo que fuera con su señora Emilia a conocer un poco y mirar negocios en la calle Alberdi y que mañana papá me llevaba a la quinta donde iba a trabajar. Lo que menos pensaba es que venía a trabajar en el campo.
La quinta quedaba atrás de la Universidad de La Matanza frente al Hospital Italiano de San Justo.
A mi no me gustaba nada porque ese trabajo también lo hacía en Portugal, pero yo debía el pasaje y para regresar a mi país tan rápido me daba verguenza.
Trabajé tres meses, y al mes un compañero que vino conmigo en el mismo barco desde Portugal se fue de socio para una quinta de General Rodríguez. Yo quería ir con él pero no tenía quien me prestara plata para ir hasta allá.
Después de esos meses trabajando en la quinta, mi hermano Antonio me consiguió otro trabajo en la fabrica Textil Oeste, me gustaba pero el sueldo no, asi que le pedí al jefe cambio de sección que se trabajaba mas y el sueldo era mejor. Mi jefe no quería cambiarme porque le rendía, y mis compañeros no querían que trabajara tanto porque decían que los dejaba mal parados a ellos y que de esa forma nunca me iban a cambiar de sección. Hasta me quedaba haciendo doble turno porque debía todavía el pasaje y así pude pagarlo.
Yo ya estaba cansado de vivir en el galpón de Antonio, muchas veces comiendo las sobras que los clientes dejaban en su restaurante que tenía en la rotonda de San Justo, entonces decidí llamar a mi novia Esperanca que seguía ne Portugal para decirle si quería venir a vivir conmigo en Argentina. Le conté que con la plata que ganaba en la fabrica ibamos a alquilar una pieza con cocina y trabajando los dos algo se iba a poder hacer.
Comencé a preparar los documentos para que ella pudiera venir. Cuando pensé que estaba todo preparado, desde el consulado me dijeron que faltaba los documentos de matrimonio de la iglesia.
Entonces preparé los papeles para casarnos, le dije a mi hermano José y su señora que vayamos a hablar con el padre Marconi para que firmen como testigos de mi casamiento.
Despues de tener todo, mandé los documentos hacia Portugal para que Esperanca lo presente todo en el registro civil y en la iglesia. El padre nos casó por poder el domingo 28 de febrero de 1954, mientras daba la misa. Ese mismo día me trasladé a la pieza que alquilé sin saber que ella estaba realizando el casmiento allá en Portugal. Como no había comunicación, teníamos que esperar la correspondencia.